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miércoles, 12 de julio de 2017

Mientras en las teles nos repitieron que la repulsa al asesinato de Miguel Ángel Blanco unió a todos los españoles, en Madrid los políticos se lían dialécticamente a hostias por una pancarta

Texto : blogs.publico/
Manuela Carmena cabreó primero a media España negándose a colgar una pancarta de Miguel Ángel Blanco en la fachada del ayuntamiento de Madrid, y después cabreó a la otra media España rectificando en parte y sacando la problemática pancarta en una manifestación. Se pone ya aburrida la política española, de tan intelectual que está.

No sabemos gestionar la paz. La paz no consiste en competir a ver quién homenajea mejor a sus caídos, quién lleva más coronas y más globos a sus funerales, quien reparte más pañuelos entre las viudas. Las víctimas del terrorismo etarra han sido tan manipuladas en estos 40 años que ya no las reconocemos como hombres y mujeres que vivieron y murieron por algo, sino como naipes en la mano de cualquier tahúr político.

El problema es que la última democracia española está cimentada sobre un pacto de falsos olvidos, como los procesos de paz entre mafias. El PP, genéticamente plagado de verdugos, se arrogan la potestad de determinar cómo, cuándo y a quién se homenajea. Yo no sé si Manuela Carmena hizo bien o hizo mal no colgando la pancarta en honor al concejal de Ermua. Pero sospecho que la función de un alcalde no consiste en posar de homenaje en homenaje al albur de los caprichos de cualquier demandante de memoria (en este caso, el muy digno y poco previsor Movimiento contra la Intolerancia, que podría haber redactado su propuesta con anterioridad suficiente para buscar un consenso).